Hace tiempo tenía en mente escribir la receta de la tahina.
La tahina es una salsa de sésamo deliciosa, de la que siempre había leído en los libros de cocina y que sabía que se podía comprar ya hecha, pero, siendo sincera, siempre fui un poco recelosa. Hasta que finalmente tuve la oportunidad de conocerla, gracias al curso de cocina que hice.
De vez en cuando vuelvo a hablaros de este bonito curso de cocina que me enseñó tantas recetas nuevas, ya imprescindibles para mí.
La tahina es una de esas recetas y fue todo un descubrimiento.
Buscando algo más de información sobre la tahina, también llamada tahin o tahini, supe que es muy nutritiva, rica en vitaminas E y B y en minerales; contiene todas las propiedades beneficiosas del sésamo (de las que os hablé en este artículo sobre semillas oleaginosas), protege el hígado y reduce el colesterol. Pero es una salsa bastante calórica, por eso conviene no abusar. 😉
La tahina es conocida por usarse en la preparación del hummus y del baba ghanoush o como salsa para acompañar carnes, verduras o los famosos falafel.
Pero una cosa que entendí gracias al curso es que esta salsa se puede hacer de maneras diferentes y, si se quiere, incluso enriquecerla.
En primer lugar puede prepararse como la receta que os propongo hoy, que es la que me dieron en el cuadernillo del curso y que guardo con cariño. Se trata del método con semillas de sésamo sin tostar y remojadas en agua. Que no es un método muy habitual por lo que tengo entendido. De hecho, la versión más común es la que se hace con sésamo tostado.
La tahina hecha con semillas tostadas, para mí y para toda mi familia, es un poco “tostada”, es decir, tiene un sabor algo demasiado intenso. Y eso que estamos acostumbrados al sabor del sésamo tostado, visto lo mucho que nos gusta el gomasio, pero para la tahina preferimos un gusto más delicado. Hay que decir también que la versión con semillas tostadas es mucho más rápida de preparar, ya que el tostado solo requiere un par de minutos, y eso a veces puede ser importante.
Actualización: probé también una versión con semillas de girasol, rapidísima de preparar y muy buena, una alternativa válida si no tenéis semillas de sésamo. ¡Probádla también vosotros! 😉
Quizá con el tiempo probaré y escribiré la receta de la versión con semillas tostadas, pero hoy quiero empezar con esta tahina con semillas sin tostar y en remojo. Es delicada y muy versátil en la cocina.
Y a mí me encanta también en versión dulce, con mermelada. Sobre todo con mermelada de arándanos. ¡Probadla porque realmente merece la pena!
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- Dificultad: Fácil
- Costo: Económico
- Tiempo de reposo: 2 Horas
- Tiempo de preparación: 5 Minutos
- Porciones: tarro pequeño: 1
- Métodos de Cocción: Sin cocción
- Cocina: Mediooriental
- Estacionalidad: Todas las estaciones
Ingredientes
- 150 g semillas de sésamo
- 50 g aceite de semillas de maíz (ideal sería aceite de sésamo)
- agua (cantidad necesaria para el remojo)
Utensilios
- Cuenco
- Picadora
Pasos
Poner en remojo en agua las semillas de sésamo durante varias horas.
👉 El objetivo del remojo es eliminar el regusto amargo de las semillas de sésamo. En mi opinión queda un ligero amargor, pero a mí no me resulta desagradable, al contrario, me gusta mucho.
Escurrir las semillas y secarlas con papel de cocina o un paño.
Poner las semillas en el vaso de la batidora y triturarlas vertiendo el aceite poco a poco.
👉 Hay quien machaca las semillas en el mortero, pero yo todavía no lo he probado. Me va muy bien con la batidora. Lo importante es triturar por intervalos para no calentar las cuchillas y, por tanto, la salsa.
👉 La cantidad de aceite se puede variar según la consistencia que se quiera obtener. La consistencia óptima es densa (de hecho en la cocina vegana la tahina se usa en lugar de la mantequilla), así que mi consejo es añadir aceite poco a poco hasta alcanzar la densidad deseada.
Conservar la tahina en el frigorífico en un tarro cerrado.
Para mí está buenísima sin duda así, untada en tostas o crostinis, pero sobre todo me gusta combinada con otros sabores.
Por ejemplo en versión picante, con guindilla, o con la adición de avellanas picadas, o decorada con semillas de amapola. Realmente deliciosa.
Y aquí la versión con mermelada de arándanos, ¡riquísima!
Y además, la tahina da lo mejor de sí como base para otras salsas. Por ejemplo la usé para hacer un hummus de alubias que era una auténtica maravilla (este hummus de cannellini)!!
Consejos sin sal
La receta original prevé la adición de una pizca de sal, pero yo ni me lo planteo: ¡para mí ya está lo suficientemente sabrosa así! 😃
Si te interesa reducir o eliminar la sal, recuerda siempre:
▫ Disminuir la sal gradualmente, el paladar debe acostumbrarse poco a poco y no notar la reducción progresiva.
▫ Utilizar especias. Guindilla, pimienta, curry, nuez moscada, canela, clavo, comino…
▫ Utilizar hierbas aromáticas. Albahaca, perejil, orégano, tomillo, salvia, mejorana, romero, menta…
▫ Utilizar semillas. Sésamo, piñones, almendras, nueces…
▫ Utilizar verduras picantes o frutas. Ajo, cebolla, limón, naranja…
▫ Utilizar mi granulado vegetal sin sal
▫ Preferir alimentos frescos.
▫ Evitar cocciones en agua; preferir cocciones que no diluyan los sabores (plancha, papillote, vapor, microondas).
▫ Evitar llevar la salera a la mesa.
▫ Permitirse a veces una excepción. Hace bien al ánimo y ayuda a perseverar.
Si no quieres, o no puedes, renunciar a la sal:
▫ Puedes probar igualmente mis recetas salando según tus costumbres. 🙂
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