¿No os parece que hay algo mágico en el aroma del romero chisporroteando en la sartén? Hoy quiero compartir con vosotros una receta que para mí sabe a familia: las Albóndigas a la Cazadora en blanco.
A diferencia de la versión más conocida con tomate, esta variante es un himno a la simplicidad: solo carne de calidad, aceitunas, alcaparras y ese toque aromático del romero.
El verdadero secreto que quiero revelaros está todo en el acabado: un ligero enharinado de las albóndigas y un toque de vino blanco en el momento adecuado.
Así se forma esa salsa cremosa y aterciopelada que ves en la foto, la que hace obligatoria la «scarpetta» al final de la comida. Un plato rústico, sincero y rápido de preparar, justo como nos gusta.
Aquí abajo, como siempre, os dejo otras recetas de albóndigas deliciosas para probar y luego vamos a descubrir cómo se preparan las Albóndigas a la Cazadora en blanco!
Hasta pronto con la próxima receta, Ana Amalia!
- Dificultad: Muy fácil
- Costo: Muy económico
- Tiempo de preparación: 15 Minutos
- Porciones: 4Personas
- Métodos de Cocción: Fogón
- Cocina: Italiana
- Estacionalidad: Todas las estaciones
Ingredientes para las Albóndigas a la Cazadora en Blanco
- 600 g carne molida de res (o mezcla de cerdo y res)
- 1 huevo (grande)
- 50 g queso parmesano rallado
- 100 g pan duro
- c.s. leche (para ablandar el pan)
- 2 pizcas sal
- c.s. pimienta negra
- c.s. harina (para pasar las albóndigas)
- 1 diente ajo
- 80 g aceitunas negras (o taggiasche)
- 1 cucharada alcaparras saladas
- 2 ramitas romero (fresco)
- Medio vaso vino blanco (seco)
- 2 cucharadas aceite de oliva virgen extra
- 100 ml agua (caliente o caldo solo si es necesario para la salsa final)
Preparación Albóndigas a la Cazadora en blanco
La mezcla: En un tazón grande, mezclad la carne molida, el huevo, el parmesano y una pizca de sal y pimienta.
Añadir el pan previamente remojado en leche, poco a poco hasta obtener una masa firme pero aún suave.
Formad las albóndigas: Cread bolitas del tamaño aproximado de una nuez.
Una vez listas, pasadlas por harina una a una, sacudiendo el exceso. ¡Este es el secreto para la salsa!
El dorado: En una sartén amplia, calentad un buen chorro de aceite con el diente de ajo entero y machacado y las ramitas de romero.
Cuando el aceite esté aromático, colocad las albóndigas y doradlas bien por todos lados a fuego medio-alto, esto tomará 4 o 5 minutos, hasta que tengan una buena costra.
El toque de vino: Aumentad un poco el fuego y verted el vino blanco. Dejad que toda la parte alcohólica se evapore hasta que ya no se sienta el olor fuerte del vino.
El toque final: Añadid las aceitunas y las alcaparras. Bajad el fuego, cubrid con una tapa y dejad cocinar durante unos 10-12 minutos.
La salsa: Si veis que el fondo se seca demasiado, añadid un poquito de caldo o agua caliente.
La harina que usasteis para las albóndigas, junto con los jugos de la carne y el vino, creará naturalmente esa salsa aterciopelada.
Conservación, consejos y variantes
En el frigorífico: Podéis conservar las albóndigas en un recipiente hermético durante un máximo de 2-3 días. Al calentarlas, añadid un chorrito de agua o de caldo en la sartén para reconstituir la salsa, que tenderá a espesarse mucho en el frigorífico.
En el congelador: Si la carne que usasteis era fresca (no descongelada), podéis congelar las albóndigas ya cocidas con su salsa. Se conservan bien durante unos 2 meses.
Las variantes deliciosas: Corazón fundente: Colocad un cubito de provolone dulce o de scamorza ahumada dentro de cada albóndiga. Al primer mordisco, el efecto sorpresa está garantizado.
Sabor de bosque: A media cocción, añadid unos champiñones en rodajas o porcini secos (rehidratados). Se combinarán divinamente con el romero y harán la salsa aún más oscura y sabrosa.
Variante cítrica: Rallad un poco de cáscara de limón en la mezcla de carne. El limón con las alcaparras y el vino blanco crea un contraste fresquísimo que aligera la fritura inicial.
Toque crujiente: Añadid unos piñones tostados junto con las aceitunas. Darán una nota dulce y una textura diferente a cada bocado.
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FAQ (Preguntas y Respuestas)
¿Qué vino acompañar con las Albóndigas a la Cazadora?
Para este plato «a la cazadora», se necesita un vino que acompañe la salinidad de las aceitunas y alcaparras sin abrumar la delicadeza de la carne blanca:
Blanco: Un Vermentino de Gallura o un Greco de Tufo. Son vinos estructurados y con buena acidez que limpia el paladar.
Rosado: Un Cerasuolo d’Abruzzo es una excelente opción intermedia, fresco pero con el cuerpo justo.
Tinto (ligero): Si a tus lectores les gusta más el tinto, sugiere un Bardolino o un Chianti joven servido a temperatura de bodega.¿Cómo puedo conservar las Albóndigas a la cazadora?
En el frigorífico: Podéis conservar las albóndigas en un recipiente hermético durante un máximo de 2-3 días. Al calentarlas, añadid un chorrito de agua o de caldo en la sartén para reconstituir la salsa, que tenderá a espesarse mucho en el frigorífico.
En el congelador: Si la carne que usasteis era fresca (no descongelada), podéis congelar las albóndigas ya cocidas con su salsa. Se conservan bien durante unos 2 meses.¿Debo añadir leche u otro para hacer la salsa tan apetecible?
No es necesario añadir mantequilla o nata: es precisamente el encuentro entre la harina adherida a las albóndigas y el vino lo que actúa como un espesante natural.
¿Cuáles son las guarniciones para las Albóndigas en blanco?
Puré de patatas «rústico»: Es el compañero natural para las recetas con salsa. Si lo dejas un poco más firme de lo habitual, absorberá todo el fondo a la cazadora.
Achicoria o Acelga salteada: El toque amargo de la verdura pasada por la sartén con un toque de guindilla equilibra muy bien la salinidad de las aceitunas y las alcaparras.
Polenta blanda: Si quieres un plato único sustancioso, servir las albóndigas sobre una cama de polenta caliente es el final del mundo.

