Los ÑOQUIS DE GARBANZO son una propuesta original y genuina que reinterpreta la tradición en clave moderna y natural. Preparados con harina de garbanzo, agua y pocos ingredientes esenciales, conquistan por su textura suave y ligeramente rústica y por su sabor delicado, con una nota naturalmente tostada típica de la legumbre.
En boca resultan envolventes pero ligeros, capaces de absorber y realzar cualquier condimento: perfectos con salsas sencillas, verduras de temporada, cremas aromáticas o un chorrito de aceite de oliva virgen extra y especias.
Su alma versátil los hace ideales también para quienes siguen una alimentación vegetal sin renunciar al sabor.
Los ñoquis de garbanzo llevan a la mesa un plato nutritivo, equilibrado y contemporáneo, donde la sencillez y la creatividad se encuentran en una receta que sorprende por su carácter y naturalidad.
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- Dificultad: Muy fácil
- Costo: Económico
- Tiempo de preparación: 20 Minutos
- Métodos de Cocción: Cocina
- Cocina: Italiana
- Estacionalidad: Todas las estaciones
Ingredientes
- 125 g harina de garbanzo
- 125 g harina 00
- 260 g agua (aprox.)
- al gusto sal
Pasos
Para preparar estos delicadísimos ñoquis de garbanzo, poned a hervir el agua ligeramente salada.
En un bol mezclad las dos harinas y, cuando el agua haya alcanzado el hervor, incorporadla a las harinas. Mezclad todo hasta obtener una masa homogénea y lisa, añadiendo más agua si es necesario.
Volcad la masa sobre la superficie de trabajo y trabajadla todavía caliente durante unos minutos hasta obtener una porción compacta y homogénea.
A continuación, separad porciones de masa, formad cilindros y cortadlos según el tamaño que prefiráis.
Haciendo una ligera presión con el pulgar, deslizadlos sobre el rallador para ñoquis para obtener la forma clásica; si no lo tenéis, podéis usar un tenedor y arrastrarlos por los dientes.
A medida que vayáis preparando los ñoquis de garbanzo, colocadlos en una bandeja sobre un paño ligeramente enharinado.
Si los preparáis en abundancia y no los consumís de inmediato, también podéis congelarlos: ponedlos en el congelador sobre una bandeja, bien separados entre sí, y una vez congelados guardadlos en bolsas de congelación. Cuando los necesitéis, echadlos en agua hirviendo directamente congelados.

