Olivette de Santa Águeda: la receta original del convento y la leyenda que las acompaña. Las olivette de Santa Águeda son un dulce típico de Catania, estrechamente ligado a la tradición agatina como las famosas Minnuzze de Santa Águeda o cassatelle y forman parte de la gran Cocina siciliana y de las muchas recetas de la abuela. Si os encontráis en Catania entre enero y febrero veréis cómo los escaparates de las pastelerías, bares y panaderías están llenos de preciosos y singulares dulces de color verde: las olivette de Santa Águeda. Pero, ¿qué son las olivette de Santa Águeda? Las olivette catanesas son pequeños y aromáticos postres a base de almendra y azúcar, vinculados por tradición a la fiesta de la Santa Patrona Águeda; al recorrer las calles del centro durante los días de celebración, los puestos repletos de turrón, almendras caramelizadas, torroncini y muchos otros dulces, las exhiben con orgullo. ¿De dónde nace la tradición de las olivette de Santa Águeda? Las orígenes de este dulce se inspiran en leyendas que cuentan la vida de Águeda. Una, por ejemplo, relata cómo la joven, llevada al juicio por los soldados de Quinziano, al agacharse para atarse un calzado vio surgir ante ella un olivo silvestre. Otra leyenda cuenta que Águeda habría, por casualidad, chocado contra un olivo estéril: con su simple toque el árbol empezó, inexplicablemente, a producir frutos. Los conciudadanos de Águeda, tras el martirio de la joven, tomaron la costumbre de recoger las aceitunas producidas por el árbol para conservarlas o regalarlas como frutos milagrosos. Así, quizá en memoria de aquel hecho, naciera, posiblemente obra de las monjas benedictinas del monasterio de Catania, un dulce de pasta real que recuerda en forma, tamaño y color a las aceitunas. Para disfrutar este dulce, que sin duda in situ es mucho más sabroso y característico, no hace falta ir a Catania: su preparación es tan sencilla que está al alcance de todos. Vamos a la cocina, descubriremos juntos cómo se hacen las olivette de Santa Águeda, pero antes os recuerdo que si queréis estar al día con mis recetas podéis seguir mi página de Facebook y mi perfil de Instagram.
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- Dificultad: Muy fácil
- Costo: Económico
- Tiempo de preparación: 30 Minutos
- Porciones: 30 olivette
- Métodos de Cocción: Sin cocción
- Cocina: Italiana
- Estacionalidad: Todas las estaciones, Invierno
Ingredientes para hacer las olivette de Santa Águeda
- 225 g Almendras (recién peladas)
- 10 Almendras amargas (armelline) (o aroma de almendra amarga)
- 200 g Azúcar glas (puro, sin almidón añadido, solo azúcar)
- 35 ml Amaretto (licor) (preferiblemente amaretto seco)
- 1 cucharadita Esencia de vainilla
- 1 pizca Colorante alimentario (verde)
- al gusto Azúcar semolado (para el acabado)
- 30 g Agua (aprox.)
Utensilios
- Picadora
- Bol
Preparación
Utiliza almendras con piel y pélalas tú mismo; el resultado será sin duda mejor. Coloca las almendras en un bol y vierte agua hirviendo por encima. Déjalas reposar 10 minutos y escúrrelas; verás que la piel se habrá ablandado y podrás pelarlas con facilidad. Colócalas en una bandeja y pásalas por el horno a 160°C durante 10-15 minutos, solo para que se sequen un poco. Como alternativa, déjalas al aire durante 24 h.
Tritura las almendras (deben estar a temperatura ambiente) lo más finamente posible, evitando calentarlas demasiado para que no suelten su aceite. Mezcla la harina obtenida con el azúcar glas, añade el licor, la esencia de vainilla y el colorante.
Empieza a amasar y valora cuánta agua añadir; puede que haga falta algo más de la indicada, pero no te pases.
Una vez obtengas una masa manejable, forma cilindros de 2 cm de diámetro y córtalos en trozos de 1,5 cm. Moldea las olivette dándoles la clásica forma puntiaguda y pásalas por el azúcar.
Las olivette de Santa Águeda están listas: disfrútalas sin esperar y comprobarás su aroma y su sabor. También puedes optar por glasearlas sumergiéndolas en chocolate fundido, por la mitad o completamente; yo, en cualquier caso, las prefiero en la versión tradicional, es decir, sin chocolate.
Las olivette dulces catanesas se conservan bien cerradas en una caja de lata durante unos diez días, aunque poco a poco se irán secando y perdiendo aroma.
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