Focaccias integrales suaves con leche y harina tipo 2. ¿Habéis pensado alguna vez en preparar focaccias integrales muy esponjosas para la merienda de vuestros hijos? Seguidme en la cocina, os cuento cómo las hago yo, ¡con harina tipo 2! Menos conocida que la harina integral propiamente dicha, la harina tipo 2 se conoce como harina semi-integral, pero se parece en forma y características nutricionales a la integral. Molida a piedra, con un proceso más lento y a baja velocidad, esta harina resulta algo más gruesa pero mantiene elevadas cualidades nutricionales y naturalidad, y es perfecta para obtener productos de horno suaves y, al mismo tiempo, saludables. La harina semiintegral molida a piedra se encuentra fácilmente en el supermercado, es saludable y permite muchas preparaciones; la preferida de mis hijos es la de las focaccias integrales suaves con aceite, y yo las preparo con gusto porque son sanas y riquísimas. Podréis comer las focaccias integrales solas, o rellenarlas con quesos, embutidos o verduras, y siempre están buenísimas. Vamos a la cocina, os explico cómo se hacen las focaccias integrales y veréis qué buenas; pero antes os recuerdo que si queréis manteneros informados sobre todas mis recetas, podéis seguir mi página de Facebook (aquí) y mi perfil de Instagram (aquí).
Mira también:
- Dificultad: Muy fácil
- Costo: Muy económico
- Tiempo de reposo: 3 Horas
- Tiempo de preparación: 30 Minutos
- Porciones: 18
- Métodos de Cocción: Horno
- Cocina: Italiana
- Estacionalidad: Todo el año
Ingredientes para hacer las focaccias integrales suaves
- 500 g harina tipo 2
- 300 g leche (tibia)
- 65 g aceite de oliva virgen extra
- 30 g azúcar
- 12 g sal
- 3.5 g levadura seca de panadería (o 12 g fresca)
- al gusto aceite de oliva virgen extra (para la emulsión)
- al gusto agua (para la emulsión)
Utensilios
- Bol
- Bandeja
- Horno
Pasos
Para hacer las focaccias integrales súper esponjosas con leche y aceite podéis amasar a mano como yo lo hice, pero si usáis la amasadora tipo «planetaria» todo resultará más sencillo; no uséis el Bimby porque con esta masa no funciona.
Echad la harina en un bol, añadid un poco de leche tibia y disolved en ella la levadura, agregad el azúcar y mezclad.
Echad el aceite y por último el resto de la leche con la sal. Mezcladlo todo con una cuchara, trabajad la masa en el bol unos minutos, usando la mano si lo preferís; tapad con un paño y dejad reposar 20 minutos.
Transcurrido ese tiempo, volcád la masa sobre la superficie enharinada y trabajadla hasta que coja consistencia y deje de estar pegajosa. No uséis demasiada harina, solo una ligera espolvoreada, porque si no los panes salen duros; tened paciencia y lo conseguiréis.
Formad una bola y colocadla en un bol, tapad con film transparente y dejad levar en un lugar cálido hasta que doble su volumen; el tiempo es orientativo, pero podrían bastar 2 h y 30 min. Si no fuera así, esperad hasta que haya levado correctamente.
Volcad la masa leudada sobre la superficie de trabajo y, sin desgasificarla demasiado, estiradla y divididla por la mitad con una rasqueta.
Cortad en muchos trozos, usando la rasqueta para formar porciones de unos 50 g y formad bolitas.
Dejad reposar 10 minutos y aplanadlas, formando discos más gruesos en los bordes y colocadlos en una bandeja forrada con papel de horno; cubrid con film y dejad levantar otros 30 minutos en caliente, por ejemplo dentro del horno con la luz encendida.
Prepara una emulsión batiendo con un tenedor agua y aceite, y añade una buena pizca de pimienta negra.
Recoged las focaccias, que deberán estar bien hinchadas y leudadas; pintadlas con la emulsión y con las yemas de los dedos presionadlas para formar hendiduras.
Hornead en horno precalentado a 200°C durante 15 minutos o hasta obtener el dorado deseado.
Las focaccias integrales con leche están listas; están ricas tibias o a temperatura ambiente, se pueden rellenar y también están buenísimas si se comen solas, y se conservan 2 días, como cualquier otro tipo de pan, dentro de una bolsa de plástico. Si queréis, podéis congelarlas en bolsas adecuadas y descongelarlas cuando las necesitéis para consumirlas como prefiráis, con cremas dulces, quesos o embutidos.

