¿Alguna vez has pensado en cocinar pepinos? ¿Se te ha ocurrido la idea de cocinar pepinos al jengibre? ¿Has intentado cocinarlos en sartén?
Si a alguna de estas preguntas has respondido «sí»… ¡Bien! ¡Estás en la receta correcta! 😊
Debo decir la verdad. Llevaba años preguntándome si realmente se podían cocinar los pepinos. Desde que, un día de hace algunos años, mi suegra, en aquel entonces casi nonagenaria, nos dijo que los había cocinado, ya que sus dientes no le permitían comerlos crudos.
Confieso que mi marido y yo nos miramos con esa mirada que ambos conocemos y sonriendo por lo bajo, y catalogamos el asunto entre las rarezas típicas de la cocina de mamá Leda (una ‘cocinaremamalista’ ante litteram, ¡ehhhhh quienes nos conocen lo saben! 😉 😀 ).
Desde que abrí el blog he tenido la oportunidad de aprender que los caminos de la cocina son mucho más infinitos de los que yo conocía, ¡y sí que ya conocía bastantes! después de una vida de profundización, experimentos, lecturas, montones de libros y revistas así como enciclopedias de cocina.
Pero una receta propiamente dicha que diera razón a mi suegra juro que nunca me la he encontrado, nunca la he leído en un libro de cocina, nunca ha pasado que una receta haya desmentido en estos años nuestra risa de aquel día.
¡Los pepinos se comen solo crudos!
¿Cocinar pepinos? ¿Y cuándo se ha visto?
Hace tres días me decidí. Hice una búsqueda en internet. Cómplice inconsciente mi vecina de casa.
La misma vecina que a veces nos regala judías verdes (utilizadas para hacer un cierto excelente pastel) o guisantes (de los que usar también las vainas, en esta receta). Esta vez me dio una bolsa de pepinos, rigurosamente de su huerto. Excelentes.
Visto que aquí los pepinos no son del agrado de todos los miembros de la familia (entiéndase: los hijos) quise buscar una forma de consumir estos pepinos sin tener que vivir de ensaladas de pepinos durante días dos veces al día.
¡Encontré bastantes recetas! Un número más que suficiente para hacerme entender que la rareza de mi suegra no era tan rara. ¡Qué cosas! ¡Y nosotros que nos habíamos reído! Y ahora debo decirlo… ¡cuánto adelantada estaba, y está, mi suegra! 😀
¡Nunca des nada por sentado chicos, en la cocina todo es posible! 😀
Por supuesto, lo probé de inmediato. ¡Y fue un verdadero descubrimiento! Inesperado, os diré.
Aquí están de inmediato mis impresiones. ¡Todas positivas!
Uno, los pepinos se cocinan rápidamente, no se ablandan demasiado como temía, pensaba que se desharían y en cambio no. Se comportan un poco como los calabacines, al menos en la cocción en sartén.
Dos, se vuelven más delicados. El sabor a pepino permanece pero es un poco menos marcado, lo cual para alguien que no aprecia el sabor fuerte del pepino puede ser positivo, y tal vez pueda convencer a algún detractor de los pepinos a probarlos.
Tres, son más digeribles. Claro, este es mi experimento piloto así que puedo basarme en esta única, hasta ahora, experiencia, pero los encontré muy digeribles, y ligeros, si se considera que cociné cuatro y que… diría que me comí tres yo sola. Los pepinos (crudos) a veces me resultan poco digeribles y por eso nunca uso más de uno por persona en las ensaladas, a veces incluso solo medio. Pero este salteado de pepinos al jengibre lo comí con gusto, y no tuve ninguna dificultad para digerirlos.
Aaahhh, ¿será también gracias al jengibre? 😉
👇 Si los pepinos te gustan solo crudos, aquí tienes cuatro recetas para usarlos al mejor: 👇

