Aquí tenéis la última receta surgida de mi maratón dominical a base de sandía: la gelatina de cáscaras de sandía (o de sandía, si así es como la llamáis). 😃
Dado que os he contado al detalle toda la saga en orden cronológico, comenzando con una inocente mermelada de pulpa de sandía, continuando con una gelatina de sandía, y luego llegando a una necesaria mermelada de cáscaras…
…por lo tanto, en este punto, aunque quizás hayáis tenido una sobredosis de sandía (¡espero que no! 😃), no puedo dejar de hablaros también del último paso que he dado en este baile de recetas: la gelatina de cáscaras de sandía.
Una receta que es una consecuencia lógica aquí en mi casa. Donde el respeto que tenemos por la comida no nos permite tirar lo que puede ser reciclado (ahora que sé que las cáscaras son comestibles).
Y mucho más, cuando resulta en un postre delicioso, pero realmente delicioso, que no puede faltar en verano. 😀
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👇 Y si os gusta estar frescos, a continuación os dejo otras de mis gelatinas y helados: 😉
- Dificultad: Fácil
- Costo: Económico
- Tiempo de reposo: 2 Horas
- Tiempo de preparación: 5 Minutos
- Porciones: 2
- Métodos de Cocción: Sin cocción
- Cocina: Italiana
- Estacionalidad: Verano
Ingredientes
- 250 g Zumo de sandía (obtenido de la mermelada de cáscaras)
- 20 g Almidón de maíz (maicena)
- 2 cucharaditas Azúcar (opcional)
- Limón
- Menta
- Canela
Herramientas
- Colador
- Cazo
- Moldes
Preparación
N.B. Como ya en la gelatina anterior, es decir, la obtenida de la pulpa de sandía, vuelvo a proponeros las dosis para dos porciones, pero descubriréis al realizar la receta que los pesos dependerán de cuánto zumo vuestra mermelada de cáscaras de sandía os regalará. 🙂
Comencemos:
Después de haber filtrado la mermelada de cáscaras de sandía (os muestro de nuevo la foto que ya habéis visto en la receta de la mermelada),
y después de haber recogido el zumo,
proceder de la siguiente manera:
Verter el almidón de maíz (en la proporción de 20 g por cada 250 g de zumo) en un cazo.
Añadir una pequeña parte de zumo y mezclar bien con una cuchara para disolver el almidón, asegurándose de que no forme grumos.
Verter el resto del zumo.
Añadir el azúcar.
👉 He indicado el azúcar como opcional porque la dulzura del zumo depende de cuánto se endulzó la mermelada de cáscaras. Mi mermelada era poco dulce, por lo que en mi gelatina añadí una cucharadita de azúcar por porción. Mi consejo es probar el zumo y luego decidir al gusto propio.
Mezclar bien.
Añadir el aroma preferido: algunas hojas de menta, o la cáscara de medio limón, o una pizca de canela en polvo (o un trocito de rama).
👉 Mis aromas preferidos para esta gelatina son la menta y la canela, mientras que mi marido prefiere el limón. ¡Os recomiendo probar los tres! 🙂
Encender el fuego y llevar a ebullición, siempre removiendo; cuando se espesa y se vuelve brillante, la gelatina está lista.
Verter en tazones o moldes para pudín.
Dejar que se enfríe a temperatura ambiente, luego colocar en la nevera durante al menos 2 horas.
Y después de esta sobredosis de recetas con sandía… os prometo y anuncio desde ya que la próxima receta será de un tema totalmente diferente!! 😀 😀
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