Había planeado escribir la receta de la tarta rosa de mi abuela desde hace varias semanas. El calendario de salidas de nuestra sección Light and Tasty preveía para hoy un tema evocador para mí: «una receta del recuerdo en clave light». Un tema para el cual tenía la receta adecuada, no tenía dudas sobre la elección, la receta estaba ahí esperándonos.
Recuperé la receta original de esta tarta rosa de mi abuela hace más o menos un año, después de haberme lamentado durante años de no habérsela pedido a tiempo cuando aún podía hacerlo. Es verdad que de ciertos detalles uno se da cuenta siempre demasiado tarde, desafortunadamente.
La hice, siguiéndola al pie de la letra, para regalársela a mi hermano por su cumpleaños.
Las recetas del recuerdo son perfectas para las ocasiones especiales, y esta tarta rosa es uno de los recuerdos que ambos tenemos de la abuela Francisca. En todo nuestro medio siglo de vida, la abuela Francisca siempre fue la única depositaria y realizadora de esta tarta que para nosotros era solo suya, y que era particular porque era rosa, y también porque tenía en lugar de mermelada algo delicioso, que aquí en nuestra zona se llama «biuda».
La biuda es una definición de origen dialectal que significa: «relleno para tartas hecho con una capa de almendras trituradas y miel y cubierto de merengue». No sé si el término biuda exista en otras regiones, pero creo que en cualquier caso pertenece ya solo al lenguaje de las abuelas, y al mío. Al mío, no por motivos exóticos sino por simples motivos de edad (o, digamos, históricos), dado que pertenezco a la generación de en medio, esa que está a caballo entre la existencia y la desaparición del dialecto.
Hecha y comida la tarta rosa de la abuela Francisca, surgió un defecto: y es que era dulce de manera desconsiderada. 🤭 Todos nos sorprendimos, todos nos dijimos entre nosotros ¡oh pero qué dulce está esta tarta! ¡De niños no nos dábamos cuenta!
Sí, de hecho lo he comprobado también en otras ocasiones: en comparación con nuestros hábitos actuales, los dulces de las abuelas siempre tenían mucho más azúcar, mucho más mantequilla, y también más huevos, es un hecho.
Y entonces, un par de semanas después de ese cumpleaños de mi hermano, intenté enseguida hacer la tarta rosa en versión aligerada. Una versión que hizo su buena figura en la mesa del desayuno del día de Pascua, y que luego adoptamos como la nueva versión de la tarta de la abuela, siempre excelente pero un poco más ligera, y sobre todo con una biuda menos dulce.
Es la receta perfecta para hoy. 💛
Epílogo:
Si esta receta del recuerdo en clave light hubiera sido programada antes, incluso solo diez días antes en lugar de hoy, la introducción a la receta habría terminado aquí, es decir, allí, tres líneas atrás.
Pero hoy no puedo mencionar a mi abuela Francisca, nacida en 1916, sin mencionar también a mi suegra, que era casi su coetánea siendo de 1922. Se fue, me atrevo a decir repentinamente, hace una semana, dejándome en el desconsuelo. A pesar de sus cien años, a pesar de su enfermedad, a pesar de la pena y el esfuerzo que era cuidarla, a pesar de saber que el tiempo que le quedaba no podía ser infinito, aún así no me lo esperaba, no ahora. Estaba segura, por muchas razones, que las cosas irían de otra manera, y más adelante, tal vez de un año, de unos meses, de unas semanas pero no ahora, pero me equivocaba. Es cierto que solo ha pasado una semana, pero estoy luchando bastante para nadar en el mar en el que me encuentro ahora.
Tendría muchas cosas, sobre los alimentos del recuerdo, que contar sobre mi suegra. Y muchas más que contar sobre las diferencias, de trasfondo, de gustos, de enfoque en la cocina, de actitudes culinarias, entre mi abuela Francisca, que durante muchos años fue cocinera, y mi suegra, que en cambio, y a contracorriente respecto a su generación, odiaba cocinar. Sí, era realmente negada. 🤭 Sí, con calma recogeré las ideas y escribiré una receta dedicada a ella, a la Leda. 🌼
Hay otras recetas del recuerdo en este blog, os dejo a continuación los enlaces. En tres recetas se menciona a la abuela Francisca, en dos a la Leda. Buena lectura. Y buena tarta rosa a todos vosotros. 🌸
- Dificultad: Fácil
- Costo: Económico
- Tiempo de reposo: 30 Minutos
- Tiempo de preparación: 15 Minutos
- Porciones: 8
- Métodos de Cocción: Horno
- Cocina: Regional Italiana
- Estacionalidad: Todas las estaciones
Ingredientes
- 300 g harina 0
- 1 huevo (entero)
- 1 yema
- 70 g mantequilla
- 70 g azúcar
- 25 g alchermes
- 1 cucharadita levadura en polvo para dulces
- 1 clara de huevo (la que sobra de la masa quebrada)
- 30 g azúcar (también vale el azúcar glas)
- 70 g almendras
- 2 cucharadas miel (pero puede bastar solo una)
Herramientas
- Cuenco
- Batidora
- Molde para tartas
Pasos
Preparar la masa quebrada de la manera clásica con la mantequilla blanda, un huevo entero y una yema, y añadiendo el Alchermes en el fontana. Para más detalles sobre la realización de la masa quebrada os remito a la receta de mi masa quebrada clásica.
Obtenida la bola de masa y después de aproximadamente media hora de descanso en la nevera, extender dos tercios de la masa quebrada para obtener un disco de masa adecuado para un molde para tartas.
👉 yo he usado tanto un molde de 22 como uno de 26 cm: con el molde más grande hay que extender la base un poco más fina, pero queriendo basta con reducir el número de tiras para recuperar un poco de masa para usar en la base.
Colocar la base de masa sobre el molde cubierto de papel de horno.
Triturar las almendras con un cuchillo.
Distribuir sobre la masa un par de cucharadas de miel, sobre las que se distribuye la granilla de almendras.
Montar a punto de nieve la clara, endulzada con el azúcar. No es necesario que esté perfectamente montada, puede quedar incluso un poco suave.
Extender la clara delicadamente sobre la granilla de almendras.
En este punto extender con el rodillo la masa quebrada sobrante y cortar tiras con una rueda.
Colocar las tiras delicadamente sobre la clara para obtener el tradicional enrejado.
Cocinar la tarta en el horno a 170° durante unos 15 minutos, prestando atención a la coloración del merengue.
👉 Por experiencia personal, es mejor no distraerse porque el merengue puede pasar en un nanosegundo de estar perfectamente cocido a demasiado bronceado 😉
Aquí, de hecho, dos ejemplos de cocción (el segundo un poco demasiado):
Con la cocción, el rosa intenso que tiene la masa quebrada cruda se convierte en un rosa más tenue, y aunque esta mi tarta es normalmente dulce en lugar de dulcísima, es exactamente del mismo color que la tarta de mi abuela. Que para mí es y seguirá siendo siempre su tarta.
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Las otras recetas Light and Tasty:
Carla Emilia: Albóndigas en hoja
Daniela: Crema de chocolate
Elena: Tarta años 70
Franca: Mitilugghia o vastedda frita
Milena: Montblanc light (plato del recuerdo en versión light)
Serena: Las casciole

