Recordando lo dicho en los muffins anteriores (aquellos de manzana sin huevo, ¿os acordáis?), el “buena la primera” esta vez resultó genial: los tan temidos-eh-sí-tan-temidos muffins sin gluten me salieron, ¡oíd oíd, bien a la primera! ¡Sí, sí, sí!
¿Os sorprende mi entusiasmo? ¡Eh, pero aquí se necesita entusiasmo, son mis primeros muffins sin gluten! ¡hay que celebrar!
También son sin lactosa (es decir, sin leche y derivados), pero con ese “sin” ahí había sido un poco más avispada y había llegado antes, ya en los tiempos del bizcocho de limón que es uno de los pilares de los bizcochos en mi casa. Y que casi casi podría pensar en desglutinar, a este punto. 😛
Y además también son sin sal…
Eh eh eh, bueno bueno… por supuesto, diréis, ¡es un dulce!
¡Ehhh, sí! Claro que es un dulce, pero creedme que incluso en los dulces de pizcas aquí y allá de sal – cuando no verdaderas espolvoreadas – veo unas cuantas por ahí… Bueno, esta cosa de sin sal es una broma 😉 aunque es innegable que es verdad, pero es un tema que me interesa, como bien podéis imaginar ya que estáis dentro de este blog.
Si os acordáis, del tema de la sal oculta en los dulces, envasados, ya os había hablado en la receta de los galletitas rellenas así que no os aburriré con una repetición, solo os diré que es cierto que esa, en efecto, es otra historia en comparación con la mísera pizca que todos, excepto yo ( 😃), usan en los dulces caseros, donde debería, la pizca, servir para realzar los sabores de los dulces. Pero también es cierto que se puede prescindir de ella tranquilamente, y sin sufrir, creedme. Y así, dado que yo en casa la sal no la tengo, en fin… en estos muffins sin gluten nada de pizca de sal, más allá de las costumbres, decisiones, o estilos de vida.
De hecho, después de esta experiencia sin gluten diría que puedo decretar que el sin pizca de sal también funciona bien en esta categoría!
Bueno, ahora que os he convencido de no usar la sal 😀 os cuento cómo sucedió que alguien me convenció de probar una receta sin gluten. 😊
Todo mérito de Leti, del blog Senza è buono, y de su concurso The Free Food Lover.
Leti me propuso participar y me despertó la curiosidad. Y luego me la incentivó proponiéndome participar también en el GlutenFreeExpo, al que fui hace un par de domingos y del cual os hablé en la última newsletter (¿y todavía no estáis inscritos??? inscribíos!!!), además de en la página fb cuando os mostré la foto que hice, emocionadísima, con Sonia Peronaci. Cosas bonitas, como diría alguien (🤩).
En el GlutenFreeExpo me paseé entre los stands con cara de perfecta torpe durante un par de horas, luego hacia el final de la tarde comencé a entender algo, y me detuve en un stand para que me explicaran sobre las harinas a usar para un dulce. Mi pregunta fue un poco interesada… pero diría que hice bien. 😀
Debo decir que ya antes de este útil y productivo día había abastecido mi despensa con harina de arroz, almidón de maíz, fécula de patata, harina de trigo sarraceno y harina de maíz de varios tipos. Esta última con la intención precisa de revisitar la tarta de polenta que había hecho el año pasado, un dulce que cuando os hablé de él en la newsletter definí “inconscientemente sin gluten”.
Porque es verdad, es así: hay recetas que son sin gluten por defecto, pero que nosotros, inexpertos del sin gluten, no nos planteamos que lo sean, dado que en nuestra vida diaria la cosa no nos sirve saberla.
Luego puede suceder, sin embargo, que llegue la curiosidad de cocinar ya no solo recetas inconscientes sino también recetas que sean sin gluten conscientemente.
Al principio la idea de embarcarme en un dulce sin gluten me asustaba. Me rondaban dudas como “no va a subir”, “no quedará esponjoso”, “será arenoso”… Dudas legítimas, eh, visto que los pocos experimentos que había hecho en el pasado con la harina de arroz me habían dejado el recuerdo de un sabor arenoso y ninguna gana de intentar de nuevo el experimento.
Pero al final es cierto que siempre llega un buen momento para todo, hay cosas que marchan mal durante tiempos infinitos y luego de repente se resuelven en un instante. Y es así que en un instante descubrí que existen harinas sin gluten molidas finamente específicas para dulces, que hacen los dulces más esponjosos, y por lo tanto más disfrutables de comer, en comparación con los de mis fallidos experimentos pasados. Y entendí, para poner un ejemplo, que una harina de maíz molida finamente especialmente para ser usada en un dulce rinde mejor que la harina de maíz habitualmente usada para preparar la polenta. Y ahora, venga, decidme que era una obviedad pensarlo, decidlo sin remordimientos… porque yo en cambio no lo había pensado!
Entonces, ahora que estáis cansadísimos después de haber leído todas estas mis explicaciones introductorias… sentaos ahora a mi mesa, que sé que estáis salivando! Por favor, tomad uno de estos muffins sin gluten con crema de clementinas! 😋
Son unos muffins sin gluten de sabor sencillo, un sabor casero, un sabor de bizcocho casero, y son muy buenos para el desayuno. Mojadlos en el café, ¡veréis qué delicia!
- Dificultad: Media
- Costo: Económico
- Tiempo de preparación: 30 Minutos
- Porciones: 6
- Métodos de Cocción: Horno
- Cocina: Italiana
- Estacionalidad: Otoño, Invierno
Ingredientes
- 60 g harina de arroz (molida fina para dulces)
- 60 g harina de maíz (molida fina para dulces)
- 80 g fécula de patata
- 90 g azúcar de caña
- 30 g aceite de semillas de maíz
- 4 g crémor tártaro
- 3 g bicarbonato
- 1 huevo
- 3 clementinas, frescas (pesadas peladas eran 155 g)
- 5 clementinas, frescas (de las cuales obtener 160 g de zumo)
- 140 g leche de almendras
- 50 g azúcar de caña
- 10 g almidón de maíz
- 20 g coñac (u otro licor, los destilados puros son sin gluten)
Herramientas
- Molde para muffins
- Picadora
- Bol
Pasos
Verter las harinas y la fécula en un bol. Añadir azúcar de caña y crémor tártaro + bicarbonato.
Mezclar bien con una cuchara hasta que todos los posibles grumos hayan desaparecido y todos los polvos se hayan convertido en una única harina.
En un bol aparte batir el huevo con el tenedor.
Pelar los tres mandarinas y triturar los gajos con el robot de cocina. El jugo resultará grueso y algunos filamentos de los gajos quedarán presentes pero no os preocupéis, después de la cocción desaparecerán.
Añadir el batido de mandarinas y el aceite al huevo, mezclar luego verter todo en la mezcla de harinas.
Mezclar hasta obtener una masa bien amalgamada luego verterla en un molde para muffins de 6.
Cocer en horno estático a 200 grados durante 20 minutos más o menos, a mitad de cocción bajar a 180 grados. Como siempre sin embargo os recomiendo adaptar tiempos y temperatura a vuestro horno, aunque no deberían diferir demasiado.
Cortar los mandarinas por la mitad y exprimir el jugo con el exprimidor. Para obtener 160 gramos de jugo yo exprimí 5.
Verter el jugo en un cazo, añadir el azúcar y poner el cazo al fuego.
Mezclar, luego cuando el azúcar esté disuelto verter el almidón de maíz, mejor si tamizado para evitar grumos.
Continuando a mezclar verter poco a poco la leche de almendras y continuar hasta el hervor.
Añadir el licor y dejar hervir a fuego lento durante uno o dos minutos antes de apagar el fuego.
Con solo 10 gramos de almidón de maíz que he usado se obtiene una crema espesada que sigue siendo bastante líquida, la hice así voluntariamente porque mi intención era regar los muffins y crear un lecho de crema en el platito, aunque en esta foto el lecho de crema no se ve, en realidad debajo del muffin cortado está.
Hicimos varias pruebas. La que más nos gustó fue la versión con los muffins cortados y regados de crema tibia, todo luego comido con el tenedorcito.
Poniéndola en la nevera por algunas horas la crema se solidifica ligeramente aunque sigue siendo suave, por lo que quien prefiera utilizarla fría en lugar de tibia deberá esperar un par de horas antes de merendar, o viceversa, decidir prepararla un poco antes. 😉
De todos modos fue una buena idea hacer una crema para verter sobre los muffins, ¡me dio mucha satisfacción!
¡Disfruta!
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