En nuestra casa la salsa de garbanzos se ha convertido en un imprescindible como salsa para la polenta, desde una noche del año pasado cuando fuimos a cenar a casa de nuestros amigos Lucía y César.
Era una de esas cenas entre amigos que pasan, me imagino que a vosotros también, en las que cada uno lleva algo, una de esas noches en las que yo-tengo-poco-de-esto y tú-tienes-poco-de-aquello, y en las que al final se come mucho mejor de lo previsto al principio.
Claro. Esa noche Lucía (sí, la Lucía) me dice por teléfono que además, por si acaso no fuera suficiente lo que hay, también tiene «un poco de polenta sobrante que quizá recalentamos en la sartén”. Y yo digo algo como “tengo una salsa de garbanzos, llevo eso”. Pero en verdad nunca había probado la polenta con garbanzos y estaba, debo decirlo, un poco escéptica de que mi salsa de garbanzos, bastante picante, pudiera “quedar bien” con la polenta. Pero eso tenía, y eso llevé.
La moraleja, esta salsa de garbanzos bien picante y sin sal resultó ser la muerte suya, el as de espadas, el no va más, en fin, nos entendemos, y con la polenta de Lucía dio lo mejor de sí. Y si hubiera habido el doble tanto de polenta como de salsa de garbanzos, seguro habríamos limpiado igualmente todos los platos.
Y así, después de esa noche, he vuelto a hacer a menudo la polenta con salsa de garbanzos (picante), ya que estos dos hijos refractarios a las verduras al menos disfrutan de las legumbres.
Y el otro día, cuando hice la polenta taragna con setas (¡setas! ¡fuera de aquí!) también preparé en paralelo una buena cazuela de salsa de garbanzos solo para ellos.
Y obviamente ahora os doy la receta. 🙂
He llamado a esta receta salsa de garbanzos en lugar de polenta con salsa de garbanzos como sugieren las fotos, porque he decidido dar protagonismo a la salsa: una salsa de garbanzos simple, que yo hago así con romero y tomate triturado grueso, y que hago desde siempre, es decir, mucho antes de descubrir que nos gusta mucho combinarla con polenta.
Si esta combinación también es nueva para vosotros y dudáis 🙂 o si no tenéis tiempo o ganas de cocinar la polenta, podéis usarla, parece obvio decirlo, pero lo digo, para condimentar la pasta (a nosotros nos gusta con rigatoni, y con pasta mixta, y con espaguetis gruesos).
O… en ciertos días fríos, nevados, lluviosos, helados… recogida con una rebanada de buen pan casero, esta salsa de garbanzos también puede convertirse en un segundo plato, de esos para mojar. Con un vaso de vino tinto al lado 🙂
(Luego, para más ideas con la polenta mirad también aquí: 👇)
- Dificultad: Fácil
- Costo: Muy económico
- Tiempo de preparación: 10 Minutos
- Porciones: 2
- Métodos de Cocción: Estufa
- Cocina: Italiana
- Estacionalidad: Todas las estaciones
Ingredientes
- 450 g garbanzos (cocidos)
- 400 g puré de tomate
- Media cebolla
- 1 ramita romero
- 4 cucharadas aceite de oliva virgen extra
- guindilla (al gusto)
Herramientas
- Cazuela con tapa
Pasos
Para la polenta os remito a la receta anterior.
Un par de aclaraciones:
– la polenta taragna está siendo la favorita en mi casa en este periodo (hasta que termine la reserva comprada en la montaña), pero podéis tranquilamente utilizar la polenta tradicional de solo maíz
– la adición de mantequilla es opcional, pero con la taragna para mí vale la pena añadirla, cosa que en cambio nunca hago con la polenta amarilla
– en la taragna también se añade queso, normalmente, pero para esta versión condimentada con garbanzos he preferido solo mantequilla.
Bien, polenta o pasta que hayáis decidido hacer, ahora pasamos a la preparación de la salsa de garbanzos, que es realmente sencilla, una receta base, diría:
Picar la cebolla y ponerla a pochar en una sartén con aceite y romero. La guindilla se puede añadir ya ahora.
Añadir los garbanzos (os recuerdo que se trata de garbanzos cocidos) (*)
Dejar que tomen sabor durante algunos minutos y luego verter el puré de tomate. Si estuviera demasiado espeso eventualmente suavizarlo con un poco de agua (pero un poco de agua se añade siempre, ¿verdad? vosotros también lo hacéis, ¿verdad?, usar dos dedos de agua para hacer salir todo ese puré que se queda – terco – en el fondo de la botella? 😀 )
Dejar cocinar con la tapa medio cerrada y a fuego bajo durante unos 30 minutos (también un poco menos, digamos 25).
Durante la cocción, y según la consistencia del puré, comprobar si es necesario añadir alguna cucharada más de agua.
Al final de la cocción y según el tipo de pasta (o de polenta) utilizada, se puede ajustar de aceite si es necesario.
La consistencia final de la salsa debe ser la que veis en la foto, debe ser espesa.
¡Buen provecho!!
(*) El día anterior había cocido – en agua con apio, zanahoria y cebolla durante unas 3 horas – una bolsa de garbanzos secos, que luego utilicé de varias formas: además de hacer esta salsa, una parte la utilicé para una sopa similar a esta de alubias (con las verduras de cocción trituradas) y los restantes los transformé en un hummus como este. Os recuerdo que antes de la cocción hace falta prever el remojo de los garbanzos durante 24 horas (la clásica noche de remojo para mí es demasiado corta).
En alternativa se pueden usar los garbanzos en lata, alternativa válida si se tiene poco tiempo para cocinar o si no se ha recordado poner a remojo los garbanzos, pero si estáis siguiendo una dieta baja en sodio… ya sabéis que es preferible evitar las legumbres en lata 😉A nosotros esta salsa nos gusta picante, pero si no podéis o no queréis comer picante, es excelente también sin guindilla. En este caso, para añadir sabor en sustitución de la sal, probad a añadir otras hierbas aromáticas, como mejorana y tomillo, y eventualmente un diente de ajo picado finamente.
Consejos sin sal
Os recuerdo que cocino sin sal añadida. Si aún no lo sabéis, os invito a leer este mi artículo –> Cocinar sin sal, mi camino. 🙂
Si estás interesado en reducir o eliminar la sal, recuerda siempre de:
– Disminuir la sal gradualmente, el paladar debe acostumbrarse poco a poco y no debe notar la progresiva reducción.
– Utilizar las especias. Guindilla, pimienta, curry, nuez moscada, canela, clavos, comino…
– Utilizar las hierbas aromáticas. Albahaca, perejil, orégano, tomillo, salvia, mejorana, romero, menta…
– Utilizar las semillas. Sésamo, piñones, almendras, nueces…
– Utilizar hortalizas picantes o frutas. Ajo, cebolla, limón, naranja…
– Utilizar mi granulado vegetal sin sal
– Preferir los alimentos frescos.
– Evitar las cocciones en agua, preferir cocciones que no dispersen los sabores (parrilla, papillote, vapor, microondas)
– Evitar llevar la salera a la mesa!
– Permitirse a veces un desliz. Hace bien al ánimo y ayuda a perseverar.
Si no quieres, o no puedes, renunciar a la sal:
Puedes probar igualmente mis recetas salando según tus hábitos.
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