Los rollò siciliani son uno de los grandes clásicos de la rosticceria siciliana, un pequeño capolavoro de simplicidad y sabor que cuenta mejor que mil palabras el alma convivial de la isla. Los encontráis en las vitrinas de los bares, alineados al lado de cipolline, cartocciate, arancine y sfincione, listos para conquistar al primer bocado con su aroma inconfundible y la superficie dorada espolvoreada de semillas de sésamo.
Nacidos como comida de mostrador, práctica y generosa, los rollò encierran todo lo que hace especial la rosticceria siciliana: una masa suave y ligeramente dulce, un relleno simple pero irresistible y esa capacidad única de transformar ingredientes cotidianos en algo profundamente satisfactorio. Son protagonistas de fiestas, cumpleaños, bufés y meriendas, símbolo de la compartición y de esa manera típicamente siciliana de estar a la mesa, informal pero llena de sabor.
Preparar los rollò en casa significa llevar a la cocina un trozo de Sicilia, recreando los aromas y las sensaciones de los bares de barrio. Una receta que no es solo un leudado relleno, sino un viaje en la tradición de la rosticceria siciliana, hecha de gestos transmitidos, esperas pacientes y sabores que saben a hogar.
Ahora tómate un minuto para leer la receta y luego…cocinAMOS y comAMOS!!
Ver también
- Dificultad: Media
- Costo: Económico
- Tiempo de preparación: 30 Minutos
- Porciones: 6
- Métodos de Cocción: Horno
- Cocina: Italiana
- Estacionalidad: Todas las estaciones
Ingredientes para 12 piezas
- 250 g harina Manitoba
- 250 g harina 00
- 5 g levadura de cerveza deshidratada (o 15 g de levadura de cerveza fresca)
- 50 g azúcar
- 12 g sal
- 40 g manteca de cerdo
- 150 ml leche
- 150 ml agua
- 12 würstel de cerdo
- 1 yema
- 1 cucharada leche
- c.s. semillas de sésamo
Herramientas
- 1 Amasadora
- 1 Tazón
- 1 Rasqueta metálica
- 1 Tablero de amasado
- 1 Bandeja de horno
- Papel de horno
- Películas para alimentos
- 1 Brocha de silicona
- 1 Rejilla para dulces
Pasos
Para obtener rollò que parezcan salidos de uno de los muchos bares de Catania o de una rosticceria de Palermo, el secreto está todo en la elaboración de la masa (la llamada «masa brioche salada»).
En el bol de la amasadora poned la mezcla de harinas, la levadura, el azúcar y la manteca de cerdo.
Empezad a mezclar con el gancho en espiral añadiendo poco a poco la leche y el agua. Antes de añadir la última parte de agua, incorporad también la sal y continuad mezclando hasta obtener una masa lisa, homogénea y perfectamente ligada.
Dad una vuelta de pliegues rápidos en el tablero de amasado antes de trasladar la masa a un bol grande. Cubrid con película alimentaria y dejad fermentar (en el horno apagado pero con la luz encendida) hasta que doble su tamaño.
Al término de esta primera fermentación, deshinchad la masa, trasladadla al tablero de amasado y, con la ayuda de una rasqueta, divididla en 12 piezas y formad barras de unos 30 cm de longitud.
En este punto, coged un würstel, secadlo tamponándolo con papel absorbente, y empezad a enrollar en espiral el cordón de masa alrededor de él.
Durante esta operación, procurad no superponer demasiado la masa, pero aseguraos de que los extremos estén bien sellados pellizcándolos bajo la última espira, de lo contrario en la cocción se abrirán.
Conforme estén listos, colocad los rollò en una bandeja con papel de horno, bien espaciados, cubrid con un paño limpio y dejad fermentar, por segunda vez, durante otros 40-45 minutos. Deben quedar bien hinchados.
Al término de la segunda fermentación, mezclad la yema con la leche y pincelad delicadamente toda la superficie de la masa y espolvoread generosamente con las semillas de sésamo.
Hornead, en horno estático precalentado, a 190°C durante unos 15-20 minutos, o hasta que adquieran un bonito color dorado intenso.
Una vez horneados, dejadlos templar sobre una rejilla antes de servirlos 😉.
Conservación
Los rollò siciliani son espectaculares recién horneados, pero gracias a la manteca de cerdo en la masa mantienen una buena suavidad incluso al pasar las horas.
Una vez bien fríos, podéis conservarlos durante 24 horas a temperatura ambiente en una bolsa para alimentos bien cerrada o en un contenedor hermético.
En el frigorífico se conservan durante 2-3 días, siempre en contenedores herméticos.
Notas
Para devolver la vida a la masa brioche no tan fresca, calentad los rollò siciliani durante 3-4 minutos a 150°C. Es el mejor método porque mantiene la superficie ligeramente crujiente y el interior suave. O en microondas durante 20-30 segundos a potencia media.
FAQ (Preguntas y Respuestas)
La masa está demasiado pegajosa, ¿puedo añadir más harina?
¡Intenta resistir! La masa de la rosticceria siciliana debe estar muy hidratada para resultar suave como una nube. Si añades demasiada harina, obtendrás un pan duro. Más bien, úntate ligeramente las manos con aceite o un poco de manteca para trabajarla mejor.
¿Puedo sustituir la manteca de cerdo con mantequilla?
En teoría sí, la proporción es 1:1, pero recuerda que la manteca de cerdo es el secreto de la receta original para obtener esa suavidad extrema y ese sabor típico de la rosticceria. Si usas mantequilla, asegúrate de que esté a temperatura ambiente.
¿Por qué el würstel se despega del pan o «se desliza» fuera después de la cocción?
Esto sucede si estiras demasiado la tira de masa mientras la enrollas o si no secas bien los würstel antes de usarlos. Un truco es tamponar los würstel con papel absorbente: si están húmedos, la masa no se adherirá bien.
¿Debo hervir los würstel antes de envolverlos en la masa?
Absolutamente no. El würstel se cocinará perfectamente en el horno junto con la masa, manteniendo sus jugos dentro del brioche.
¿Puedo prepararlos con antelación y cocinarlos al día siguiente?
Ciertamente. Puedes formarlos, ponerlos en la bandeja, cubrirlos con película y dejarlos en el frigorífico toda la noche. A la mañana siguiente, déjalos volver a temperatura ambiente durante unos 30-45 minutos antes de hornearlos.
¿Puedo congelarlos?
Sí, tienes dos opciones: puedes congelarlos en crudo (después de formarlos) y dejarlos fermentar cuando decidas usarlos, o congelarlos cocidos una vez enfriados. En este último caso, bastará con pasarlos unos minutos en horno caliente para devolverles su fragancia.

