Yogur de kéfir casero. ¿Ya habéis oído hablar de los gránulos de kéfir, sus propiedades nutricionales y beneficios, y de su relación con otras fermentaciones naturales como Kombucha, Kimchi, col lombarda fermentada y masa madre, pero una vez que tenéis los gránulos, ¿qué hacer? ¿Cómo se hace el yogur de kéfir? Hoy os explicaré cómo preparar el kéfir o yogur de kéfir, pero antes de empezar hay que saber de qué hablamos.
El kéfir es leche fermentada, es decir, una bebida a base de leche, de consistencia más o menos densa y cremosa, similar al yogur, pero con un sabor algo más ácido y un aroma más intenso. Esta bebida se obtiene de la leche y de los gránulos de kéfir, que no son más que colonias de bacterias y hongos que viven en simbiosis entre sí en una estructura de polisacáridos; es muy saludable, rica en fermentos lácticos y probióticos, vitaminas y minerales. Ahora vamos a la cocina: os cuento cómo obtener el yogur de kéfir y cómo darle una consistencia más o menos densa y cremosa, pero como siempre, antes de ponernos manos a la obra os recuerdo que, si queréis estar al día de mis recetas, podéis seguir mi página Facebook y mi perfil Instagram.
Mira cuántas recetas podéis preparar también con el yogur de kéfir:
- Dificultad: Muy fácil
- Costo: Muy económico
- Tiempo de reposo: 1 Día
- Tiempo de preparación: 5 Minutos
- Métodos de Cocción: Sin cocción
- Cocina: Italiana
- Estacionalidad: Todas las estaciones
Ingredientes
- 1 l leche
- 50 g kéfir de leche (gránulos)
Utensilios
- Cuencos
- Colador
- Gasa
Preparación
Para poner en marcha la producción de leche de kéfir y, en consecuencia, hacer crecer los gránulos, necesitaréis una o dos cucharadas de gránulos de kéfir o al menos el 5% en peso respecto a la leche, dos tarros de vidrio o plástico, 1 colador, 1 cuchara y, por supuesto, leche (pasteurizada, entera microfiltrada, UHT, cruda; entera, semidesnatada o desnatada; de vaca, de cabra o de burra). Según la leche que elijáis obtendréis una leche fermentada con un sabor característico; elegid vuestra variante preferida. Recoged los gránulos en uno de los tarros y añadid la leche a temperatura ambiente.
Tapad con la tapa o con una gasa sujeta con una goma elástica y colocad a temperatura ambiente, entre 18-19°C y 24°C, a fermentar hasta la coagulación, que ocurre aproximadamente a las 24 horas. Si hace frío o los gránulos son pocos, los tiempos se alargarán considerablemente; si hace calor se reducirán. Para obtener un kéfir con un sabor más fuerte, dejad fermentar durante 2 días; recordad que los tiempos varían según la temperatura ambiente. Transcurrido el tiempo de fermentación, colad con el colador (mejor si es de plástico), vertiendo la leche fermentada en otro tarro y repetid el ciclo con los gránulos. La leche fermentada y colada está lista para consumir o para conservar en el frigorífico. Os aconsejo endulzarla con miel para un sabor realmente excepcional. Durante la conservación en el frigorífico la fermentación continúa aunque mucho más lentamente y la leche de kéfir, tras unos días en frío, resultará ligeramente más ácida.
Para un kéfir más cremoso, colad el yogur a través de gasas de algodón dobladas y veréis que, según el suero que suelte, obtendréis un yogur más o menos denso y cremoso. Os aconsejo colar el yogur en el frigorífico; harán falta algunas horas para que el proceso se complete y así el yogur no se acidificará más.
Os recuerdo que la elección de materiales como plástico y vidrio es imprescindible para el éxito del kéfir; al ser muy ácido, el contacto con metales podría comprometer su calidad.
Os aconsejo mantener constantes las proporciones entre gránulos y leche; de este modo mantendréis constante el sabor del kéfir casero, al menos durante el invierno y las estaciones más frescas.
Los gránulos no caducan y, sobre todo, el tiempo y la temperatura ambiente influyen mucho en el resultado final: en meses de verano podría estar listo en menos horas y podría acidificarse con facilidad.
Conservación, notas y consejos
El yogur de kéfir se conserva en el frigorífico, donde continuará su fermentación pero más despacio; por tanto, para evitar que se acidifique en exceso, consumidlo pronto. Podéis utilizar el kéfir también en vuestras preparaciones culinarias y como sustituto del yogur clásico.
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