MOSTAZA DE ALGARROBA (Receta siciliana)

La algarroba es el fruto del algarrobo, una planta perenne del Mediterráneo, ciertamente menos conocida en comparación con los clásicos frutos a los que estamos acostumbrados, pero en realidad merece un lugar de respeto en nuestras mesas por sus innumerables propiedades. Se presenta en forma de una vaina larga y leñosa, que al ser consumida al natural, incluida la vaina y su piel, absolutamente comestibles, presenta un sabor dulzón y ligeramente ácido. A menudo se compara con el del chocolate, que recuerda vagamente, pero con un aroma que también se acerca al de los higos secos, tanto que se destina a la industria alimentaria y de confitería. Dentro de las vainas, por ejemplo, se encuentran semillas muy duras, pequeñas pepitas oscuras que se utilizan para preparar la harina de algarroba, un ingrediente que se encuentra en numerosas preparaciones. En Sicilia, especialmente en la provincia de Ragusa, encontramos la mayor presencia de árboles de algarrobo, y fue gracias a un paseo por el parque de mi ciudad que tuve la oportunidad de recoger algunas. Para realizar esta receta típica siciliana, de hecho, bastan unas 15. Las proporciones son para un litro de agua, y a mí me salieron 4 moldes, así que si también tenéis la suerte de poder encontrarlas o recogerlas, esta es la época adecuada, probadla porque es realmente deliciosa. La consistencia recuerda un poco al pudín, pero más firme y más parecida a la “mostaza” de higos chumbos o a la preparada con el mosto de uva. Podréis igualmente untarla perfectamente en pan o en rebanadas de biscotes por la mañana en el desayuno o para la merienda sana de vuestros niños a media tarde. Un solo aviso: en la receta, por necesidades, reduje la cantidad de azúcar, que ya así nos pareció de la dulzura adecuada, pero si preferís podéis endulzar hasta 50 gramos más. ¡Házmelo saber, cuento contigo!

CURIOSIDAD: ¿Sabías que las algarrobas son ricas en sustancias antioxidantes y, a diferencia del cacao, no contienen cafeína? Esto significa que pueden ser consumidas con total tranquilidad incluso por aquellos que no pueden o no quieren consumir esta sustancia. Además de ser muy apreciadas en la cocina, donde se revelan como aliadas valiosísimas para muchas recetas, las algarrobas también pueden apoyar y mejorar nuestra salud. No en vano, en el mercado se pueden encontrar diferentes remedios curativos a base de algarroba, comenzando por los productos para tratar la diarrea y los trastornos estomacales. De hecho, el fruto es conocido sobre todo por su capacidad para reducir los trastornos gastrointestinales; además, combaten la tos y la gripe gracias a su riqueza en vitamina C, por lo que una decocción de algarrobas es un verdadero remedio. Gracias también a la presencia de calcio del que son ricas, las algarrobas pueden reducir el riesgo de osteoporosis y proteger la salud de nuestros huesos. La pulpa de algarroba, al igual que los productos a base de algarrobas que puedes comprar en herboristerías y farmacias, podrían ayudar a reducir los niveles de colesterol total y colesterol LDL, el llamado colesterol “malo”. Por último, pero no menos importante, aunque tiene un sabor muy dulce y azucarado, las algarrobas tienen un índice glucémico muy bajo, por lo que pueden ser consumidas por personas con diabetes.

Si sois aficionados de los postres de cuchara típicos sicilianos, probad también estas recetas aquí abajo:

  • Dificultad: Fácil
  • Costo: Muy económico
  • Tiempo de reposo: 2 Horas 30 Minutos
  • Tiempo de preparación: 2 Días 25 Minutos
  • Porciones: 4 moldes
  • Métodos de Cocción: Estufa
  • Cocina: Italiana
  • Estacionalidad: Otoño

Ingredientes

⚠ EN ESTA RECETA HAY UNO O MÁS ENLACES DE AFILIACIÓN. Los productos que recomiendo son los mismos que uso yo en mis recetas; comprarlos a través de mi blog contribuye a apoyarme a mí y a mi trabajo, mientras que a ti no te costará nada más!

  • 15 algarrobas
  • 1 l agua
  • 100 g azúcar de caña (hasta un máximo de 150 gr.)
  • 90 g fécula de maíz

Herramientas

  • 1 Bandeja de horno
  • 2 Tazones
  • 1 Cacerola
  • 1 Cuchillo
  • 1 Cuchara de madera
  • 1 Bolsa reutilizable
  • 4 Moldes
  • 1 Espátula
  • 1 Cuchara
  • Papel film
  • Papel de horno

Pasos:

  • Primero, después de enjuagar las algarrobas bajo agua corriente, sécalas con un paño limpio y hazlas tostar en el horno a 170°C durante aproximadamente 20′ para que se sequen bien (fig. 1).

  • Una vez se hayan enfriado, córtalas en trozos con un cuchillo (fig. 2)

  • Transfiérelas a un recipiente, cúbrelas con agua y déjalas reposar durante al menos 2 días (fig. 3).

  • Pasadas las 48 horas, transfiérelas a una cacerola junto con el agua y deja cocinar a fuego lento durante al menos 20′ desde que comience a hervir (fig. 4).

  • Transcurrido este tiempo, apaga, deja que se enfríe un poco y filtra el líquido obtenido con una bolsa filtrante o una gasa como la de los confites (fig. 5).

  • Exprime bien todo el líquido de las algarrobas (fig. 6).

  • En un tazón, mezcla la fécula de maíz con el azúcar con un cucharón o un batidor manual (fig. 7).

  • Disuelve con una parte del líquido de algarrobas, asegurándote de disolver bien los polvos (fig. 8).

  • Transfiérelo a una cacerola con el resto del líquido (fig. 9).

  • Deja cocinar a fuego lento, removiendo continuamente con una cuchara de madera, siempre en la misma dirección hasta que haya adquirido la consistencia de una crema (fig. 10).

  • Apaga inmediatamente, no debe espesarse demasiado, deja que se enfríe un poco y llena hasta el borde los moldes previamente humedecidos con agua ayudándote con una cuchara. Yo suelo usar moldes de terracota (fig. 11).

  • Presiona y nivela bien con una espátula y deja enfriar a temperatura ambiente (fig. 12).

  • La mostaza una vez colocada en sus moldes debe secarse bien. Para conservarla mejor, si queréis, dejadla secar en el horno.

  • Y voilà…¡vuestra mostaza de algarroba está lista para disfrutar!

  • ¡Buen provecho de La Cocina de FeFè!

Conservación

👉 La mostaza de algarroba se puede conservar a temperatura ambiente en un lugar fresco y seco, previa secado al aire libre durante al menos 15 días, pero tened mucho cuidado de que no tomen humedad, porque se enmohecerían rápidamente. Recomiendo por tanto el secado en el horno a baja temperatura durante 15′, mucho más rápido y práctico. Para mayor seguridad, también podéis conservar el dulce en la nevera. Una vez lista la mostaza, servidla directamente en su recipiente: también puede ser consumida enseguida, como cualquier otro pudín, caliente, tibia o fría.

Consejos, notas, variaciones y sugerencias

🟣 En la receta, por necesidades, he reducido la cantidad de azúcar, que ya así nos pareció de la dulzura justa, pero si preferís podéis endulzar hasta 50 gramos más.

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lacucinadifefe

Mi blog se centra en una cocina sencilla, ligera y rápida, pero con atención al aspecto saludable de los platos que se llevan a la mesa y sin caer nunca en la banalidad.

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