La tarta salada con radicchio, panceta y ricotta es un plato sencillo pero con mucho carácter, donde el amargor delicado del radicchio se combina con la salinidad de la panceta y la suavidad aterciopelada de la ricotta.
Es una receta perfecta para una cena informal, un brunch de domingo o para dar un toque especial a un aperitivo entre amigos. Prepararla es un gesto que reconforta: pocos ingredientes, genuinos y bien combinados, que transforman un momento cualquiera en un pequeño placer para compartir.
Si te gusta el sabor del radicchio, te dejo otras ideas para probar en la cocina
- Dificultad: Fácil
- Costo: Económico
- Tiempo de preparación: 30 Minutos
- Tiempo de cocción: 35 Minutos
- Métodos de Cocción: Horno, Cocina
- Cocina: Italiana
- Estacionalidad: Otoño, Invierno y Primavera
Ingredientes de la tarta salada con radicchio, panceta y ricotta
- 1 rollo masa de hojaldre (redonda)
- 200 g radicchio de Chioggia
- 200 g ricotta
- 160 g panceta ahumada
- 100 g vino tinto
- 50 g cebolla dorada
- 50 g parmesano rallado
- 30 g aceite de oliva virgen extra
- 1 pizca sal
- 1 pizca pimienta negra
- 1 pizca ajo en polvo
Herramientas
- 1 Sartén
- 1 Fuente para horno
- 1 Cuchillo
- 1 Cuchara
- 1 Bol
Preparación de la tarta salada con radicchio, panceta y ricotta
En una sartén sofreímos el aceite con la cebolla picada. Cuando esté blanda, añadimos la panceta en dados y dejamos que se dore unos minutos. Sazonamos con pimienta y ajo, luego incorporamos el radicchio cortado fino y mezclamos bien. Tras cinco minutos, flambeamos con el vino tinto y continuamos la cocción hasta que el alcohol se evapore por completo. Dejamos enfriar.
Ponemos el radicchio estofado en un bol, añadimos la ricotta y el huevo y mezclamos bien. Si es necesario, añadimos una pizca de sal, luego vertemos el relleno en la base de masa de hojaldre. Espolvoreamos con el parmesano y horneamos. Horno estático a 180 grados durante 35 minutos.
Perfecta como plato único para una cena rápida y sabrosa, también es ideal para llevar al trabajo o al colegio: se transporta con facilidad y sigue estando deliciosa a temperatura ambiente. Ideal para un bufé o un aperitivo reforzado, cortada en pequeños cuadrados, es muy cómoda también para un picnic.
Sírvela en la mesa tibia, cuando los sabores se armonizan mejor y la textura es ideal. Como aperitivo, córtala en pequeños cuadraditos o porciones; si la ofreces como plato principal, acompáñala con una ensalada fresca para equilibrar la riqueza del relleno.
CONSEJOS y NOTAS
⏳ Cuánto dura
A temperatura ambiente: mejor no dejarla fuera más de unas horas.
En la nevera: se conserva normalmente durante 2-3 días, bien cubierta o cerrada en un recipiente hermético.
En el congelador: muchas tartas saladas se pueden congelar; normalmente pueden permanecer en el congelador algunas semanas si están bien protegidas del frío.
❄️ Cómo conservarla mejor
Déjala enfriar completamente antes de guardarla.
Usa un recipiente hermético o envuélvela con cuidado para evitar que absorba olores del frigorífico.
Si la congelas, puedes porcionarla antes: será más cómodo descongelarla cuando la necesites.
Para recalentarla, el horno es la mejor opción para devolverle la textura crujiente a la base.
Para una tarta salada con radicchio, panceta y ricotta, puedes jugar con distintos maridajes: el radicchio aporta una nota amarga, la panceta añade salinidad y la ricotta suaviza todo. A continuación, algunos vinos que realzan el plato.
🍷 Vinos blancos
Perfectos si buscas un maridaje fresco y equilibrado.
Gewürztraminer: aromático y suave, atenúa el amargor del radicchio.
Pinot Bianco: elegante y limpio, acompaña sin tapar.
Soave Classico: mineral y ligero, ideal para aligerar la panceta.
Vermentino: perfumado y sabroso, da viveza al bocado.
🍷 Tintos ligeros
Idóneos si prefieres un tinto sin recargar el plato.
Pinot Nero: delicado, afrutado, perfecto con la ricotta y la panceta.
Bardolino: fresco y fluido, excelente con tartas saladas y platos rústicos.
Lagrein Kretzer (rosado altoadés): un término medio muy agradable, fresco pero con estructura.
🍾 Espumosos
Una elección siempre acertada con tartas saladas.
Prosecco Brut: fresco e inmediato, limpia bien el paladar.
Franciacorta Satèn: más cremoso y refinado, ideal si buscas un toque elegante.

