Los orígenes de la pasta alla gricia varían entre nombres de personajes nórdicos y localidades que reivindican su procedencia. Sin embargo, prefiero pensar que antiguamente la gente disponía de ingredientes humildes y, para sobrevivir, se apañaba con platos sustanciosos. A pesar de todo, nos dejaron en herencia recetas que aún transmitimos con orgullo y disfrutamos con gusto en nuestras mesas.
La pasta alla gricia se prepara con pocos ingredientes pero muy concretos: un guanciale de buena calidad y un buen queso pecorino rallado. El procedimiento es similar al de la amatriciana, excluyendo el tomate, y por eso también se la llama amatriciana blanca. Este sabroso plato del Lacio queda perfecto con una pasta al dente que se saltea en la sartén con una generosa espolvoreada de pimienta negra recién molida. Y siendo un poco parcial, os propongo también probar la absoluta sencillez de los spaghetti aglio, olio e peperoncino.
- Costo: Económico
- Tiempo de preparación: 10 Minutos
- Porciones: 4 personas
- Métodos de Cocción: Cocina
- Cocina: Italiana
Ingredientes
- 380 g pasta (He usado Tubettoni rigati de Gragnano)
- 250 g guanciale (curado y de buena calidad)
- 120 g pecorino (de Amatrice o romano)
- al gusto pimienta negra (molida en el momento)
- al gusto sal gorda
Preparación
Poned al fuego una olla con agua para cocer la pasta y esperad a que hierva antes de salar.
Mientras tanto, cortad el guanciale en dados de aproximadamente 1 centímetro y doradlo a fuego bajo en una sartén para pasta, sin añadir nada más.
Al principio la grasa del guanciale cambiará de color, se volverá casi transparente; dejadla dorar hasta que se funda en la sartén.
Cuando esté totalmente fundida y dorada, apagad el fuego.
El secreto del chef: escurrid el guanciale con una espumadera y colocadlo sobre un trozo de papel de estraza o del tipo que usa el charcutero para envolver los embutidos. Mantened el guanciale envuelto en el papel. Este pequeño truco hará que quede crujiente y en su punto.
Cuando la pasta esté casi cocida, al dente, escurridla y volcádla en la sartén con la grasa del guanciale. A fuego vivo, rehogadla añadiendo un puñado generoso de pecorino rallado y pimienta recién molida.
Añadid el guanciale que habíais reservado, saltead de nuevo en la sartén y servid en el plato con más pecorino recién rallado y otra molida de pimienta negra.

