Esta es una de esas recetas que no se deciden, se hacen y punto. Dudaba sobre qué cocinar entre las alcachofas y los guisantes y… jeje, tomé la salomónica decisión de unirlos y cocinarlos juntos (en la sartén) consiguiendo una guarnición estupenda que nos encantó, fácil de preparar y riquísima para comer. Además, queda bonita de ver. 😀
Un diente de ajo, unos tomatitos, un chorrito de aceite y la tapa puesta. Fin. ¿Quién dijo que cocinar es difícil? ¡Más fácil no puede ser!
🙂
- Dificultad: Muy fácil
- Costo: Económico
- Tiempo de preparación: 10 Minutos
- Tiempo de cocción: 25 Minutos
- Porciones: 4
- Métodos de Cocción: Cocina
- Cocina: Italiana
- Estacionalidad: Invierno, Primavera
Ingredientes
- 2 Alcachofas mammole
- 200 g Guisantes
- 10 Tomatitos
- 1 cucharada Aceite de oliva virgen extra
- 1 diente Ajo
- 1 vaso Caldo vegetal
- 1 pizca Orégano
- 1 pizca Pimienta
- 1 pizca Ralladura de limón
Utensilios
- Sartén
Preparación
Nota: el peso de los guisantes indicado en los ingredientes es aproximado porque en realidad los eché a ojo en la sartén, las alcachofas eran bastante grandes y los tomatitos los añadí así, al azar. En realidad, para esta receta los pesos no son determinantes. 😉
Bien, dicho esto ¡podemos empezar!
Limpiar las alcachofas quitando las hojas exteriores y cortando la punta.
Cortarlas en gajos y quitar la pelusilla interna, si la hay.
👉 Para más indicaciones sobre cómo limpiar las alcachofas te remito a la introducción de mi recopilación de recetas con alcachofas.
Pelar y picar el ajo.
En una sartén (yo usé una sartén antiadherente pero se puede usar también una de acero) poner las alcachofas cortadas en gajos, el ajo, el aceite y dejar que se aromatice unos minutos.
Añadir los guisantes (en este caso congelados) y los tomatitos cortados por la mitad.
Dar sabor con una pizca de orégano y un pellizco de pimienta.
Agregar medio vaso de caldo vegetal (o agua) y tapar con la tapa. Recomiendo añadir poco caldo a la vez durante la cocción, solo si hace falta.
Continuar la cocción hasta que las alcachofas y los guisantes estén hechos.
El tiempo de cocción de las alcachofas puede variar según cuánto se hayan deshojado – como bien se sabe, las hojas exteriores son más coriáceas mientras que el corazón de la alcachofa es tierno y se cocina rápido – y también según el tamaño de los gajos.
El tiempo de cocción de los guisantes puede variar en función de varios factores:
Los guisantes congelados suelen tener el tiempo de cocción indicado en el envase. En general, los guisantes pequeños se cocinan muy rápido, a veces en solo 5 minutos, mientras que los medianos tardan, minuto arriba minuto abajo, 10 minutos (3-4 minutos más si se usan congelados).
Los guisantes frescos tardan algo más, 20-25 minutos, tiempo que es variable y no puede darse con precisión porque depende del tamaño (los guisantes frescos no tienen una medida estándar sino que son mixtos, un poco pequeños y un poco grandes) y/o de la consistencia de la piel, debida a varias causas relacionadas con el cultivo o la procedencia (por ejemplo, los guisantes de la abuela u otros campesinos que he cocinado solían tener la piel bastante más consistente).
En cambio no tengo indicaciones sobre la diferencia entre alcachofas frescas y alcachofas congeladas porque, a diferencia de lo que hago con los guisantes, no suelo comprar alcachofas congeladas. Si cambio este hábito os lo haré saber actualizando esta instrucción! 😀
Servid vuestras alcachofas y guisantes en la sartén tanto calientes como fríos (a temperatura ambiente), sazonando con un pellizco de pimienta recién molida y, si queréis, con un chorrito de aceite en crudo. Y también una ralladura de limón, ¡probadlo!
Es una excelente guarnición contundente que seguro os gustará, y que también se puede convertir en un buen segundo plato, por ejemplo combinándolo con huevos. 😉
Consejos sin sal
Os invito a probar a cocinar las alcachofas y los guisantes sin sal, no hervidos sino cocinados en la sartén así, con la tapa puesta y con poquita agua o caldo.
Descubriréis que las alcachofas, gracias a su sabor característico, no necesitan sal sino solo un simple aroma, como por ejemplo la ralladura de limón. 🙂
Y los guisantes… bueno, si están buenísimos incluso crudos, ¡significa que no necesitan sal! Ahhh… ¿nunca habéis probado a comer guisantes frescos mientras los desvaináis? Probad, ¡son irresistibles!
Si te interesa reducir o eliminar la sal, recuerda siempre:
▫ Reducir la sal de forma gradual, el paladar debe acostumbrarse poco a poco y no debe notar la reducción progresiva.
▫ Usar especias. Guindilla, pimienta, curry, nuez moscada, canela, clavo, comino…
▫ Usar hierbas aromáticas. Albahaca, perejil, orégano, tomillo, salvia, mejorana, romero, menta…
▫ Usar semillas. Sésamo, piñones, almendras, nueces…
▫ Usar verduras picantes o frutas. Ajo, cebolla, limón, naranja…
▫ Usar mi granulado vegetal sin sal y el gomasio.
▫ Preferir alimentos frescos.
▫ Evitar las cocciones en agua, preferir cocciones que no dispersen los sabores (plancha, papillote, vapor, microondas)
▫ ¡Evitar llevar la salera a la mesa!
▫ Permitirse a veces un capricho. Hace bien al estado de ánimo y ayuda a perseverar.
Si no quieres, o no puedes, renunciar a la sal:
▫ Puedes probar igualmente mis recetas salando según tus costumbres.
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